Centro de Arte UNLP
Sala D
La Plata, 2022
En lo constante y aparentemente repetitivo transita el relato que construye la diferencia.
Detrás de lo obvio, donde no parece haber nada más que lo que es,
habita la esencia de las cosas.
Detenerse y esperar, sin saber qué se espera.
Contemplar.
En el vacío de la calma, en el silencio de las estatuas, se esconde el sonido de lo oculto,
se devela una imagen no visible pero no por ello invisible,
que sale a la luz cuando simplemente se da el tiempo de percibir el instante.
El silencio de las estatuas propone una vivencia de otra temporalidad, partiendo del paisaje y el contacto con la naturaleza como puente hacia otro modo de aprehensión temporal: un tiempo propio. Vinculado a la conexión con estados meditativos y diferentes concepciones provenientes de la filosofía oriental, se plantea una detención en el ritmo habitual contemporáneo que rige a quienes vivimos, sobre todo en entornos urbanos. Darse el tiempo de contemplar un paisaje posibilitando un estado de inmersión similar al de estar en un contexto natural en solitario. Haciendo foco en la escucha, el paisaje sonoro va develando la propia voz.
La imagen se refleja nítida en eco directo con el silencio de quien observa. Una pieza topológica donde lo interno y lo externo hablan de lo mismo: el silencio y la quietud del fluir en el instante presente.
Inmersos en una cultura de los medios donde todos somos autores y tendemos a exponer cada segundo de nuestras vidas como si fuera una película, donde las redes llevan a que el instante no sea valorado sino fugaz. Las historias de Instagram son el zapping de hoy. Un minuto pareciera ser el máximo de atención que alguien puede tener ante una imagen en movimiento en una pantalla portátil.
La propuesta es darse tiempo, quedarse, estar, siendo paisaje en soledad.
Un estado contemplativo que conecta y sitúa, que refleja el propio estado y se retroalimenta, que da tiempo para quedarse quieto y respirar tomando conciencia del propio cuerpo en el espacio.
¿Dónde empieza un paisaje? ¿Cómo funciona ese tiempo calmo, silencioso, casi detenido de contemplación o vivencia de un paisaje en otro contexto como un espacio exhibitivo o una pantalla? ¿Puede ese entorno natural sacado de contexto generar ese mismo estado meditativo para dejar incluso de sentir que estamos en una sala? Y percibir que tan solo estamos, que estamos solos, adentro de nuestro propio paisaje
Una imagen espejo. Aparece y se devela según se mueve el viento. Una imagen líquida. Manteniendo cierta narrativa clásica, funciona de manera cíclica, en sintonía con la naturaleza, pudiendo reiterarse de forma circular como un mantra, que se repite para tan sólo vibrar y suspender el pensamiento.